Vaticano – Diligencia del buen padre de familia

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En esta ocasión y a propósito del Motu Proprio emitido por parte del Vaticano, nos centramos, en una nueva directriz que consideramos se alinea perfectamente con la recientemente emitida por el mismo Papa, reiterando que se debe actuar con la diligencia de un buen padre de familia. Mediante  esta nueva directriz, el pasado martes el Papa ordenó la investigación de la operación que viene ejecutando el ente denominado “Fabrica de San Pedro”,  en relación a las obras de restauración  de la Basílica y, la aparente falta en la contratación la cual se presume pude ser realizada sin la debida diligencia.

 Es evidente que el Papa Francisco como lo ha venido haciendo, busca persistentemente la gestionen y manejo eficiente de los recursos lo cual implica no solo la realización de inversiones rentables y la obtención de los mejores precios; sino que, del mismo modo en que se deben cuidar los recursos públicos de los diferentes gobiernos, éstos recursos deben ser protegidos contra todo tipo de manejo inadecuado e incluso fraudulento. Por eso, las buenas prácticas que propone el Sumo Pontífice, obedecen a las buenas practicas que se aplican en algunos casos, y que en otros muchos se intentan aplicar, para reducir los espacios donde un tercero -por su relación con cualquier persona o ente decisorio- tome ventaja para si mismo.

Es por lo anterior que consideramos importante que se ahonde en las estructuras de gobierno de las diferentes entidades religiosas, pues si bien observamos que  estas entidades poseen ya estructuras colegiadas, en donde se toman decisiones importantes en cuanto al manejo de los recursos; también existe un camino por recorrer para adelantarse a la potencial directriz de que el régimen emitido hasta el momento para el Vaticano propiamente, sea desplegado a que su cumplimiento sea obligatorio para todos.

La contratación de las instituciones religiosas; que como hemos visto en una buena proporción son de gran magnitud, no deben ser realizadas directamente, ni contratadas con familiares de miembros decisorios, o sin la debida diligencia de tomarse el tiempo de convocar a un número plural de cotizantes. Esto con el fin de poder analizar la mejor opción, que en muchos casos no es necesariamente la más económica.

No obstante, tomarse el tiempo para analizar realmente qué se pretende con cada contratación y cuáles son los riesgos y valores agregados que tiene cada proponente, a veces no es una tarea fácil de realizar si no se han establecido los criterios y variables criticas previamente.  Por ello, es nuestra recomendación la adopción voluntaria de dichas orientaciones; como un buen inicio para potencializar la diligencia de un buen padre de familia, en el manejo de los recursos y bienes eclesiasticos, salvaguardando desde ya los recursos.

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