La reciente noticia sobre el reconocimiento otorgado a la Archidiócesis de Burgos por alcanzar nuevamente la máxima puntuación en transparencia eclesial nos deja una reflexión que va mucho más allá de los indicadores o los reconocimientos institucionales.Este logro fue otorgado dentro de la metodología de evaluación de Infoparticipa, una iniciativa académica que promueve la transparencia y la calidad de la información institucional, evaluando aspectos relacionados con el gobierno, la gestión económica, la accesibilidad de la información y la rendición de cuentas.
Una frase que interpela a toda la Iglesia
Durante la presentación del reconocimiento, el Arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta, expresó una frase que merece especial atención:
«Ser transparente es una obligación evangélica; no veo que Cristo ocultara nada, todo lo contrario.»
Estas palabras nos recuerdan que la transparencia no es únicamente una práctica administrativa ni una respuesta a exigencias externas. Es, ante todo, una expresión de coherencia con los valores del Evangelio. La transparencia nace de la verdad, fortalece la confianza y refleja una administración responsable de los bienes que han sido confiados a la Iglesia para el servicio de la misión.
Una realidad cada vez más necesaria
Durante muchos años, la credibilidad de las instituciones religiosas descansó principalmente en el testimonio de vida, la cercanía pastoral y el servicio generoso a las personas. Hoy, sin perder esos fundamentos, la sociedad espera además organizaciones capaces de comunicar tanto externamente como internamente con claridad, cómo administran sus recursos, cómo toman decisiones y cómo garantizan el uso adecuado de los bienes puestos al servicio de la evangelización.
Por esta razón, cada vez más diócesis, congregaciones religiosas y organizaciones eclesiales en distintas partes del mundo están fortaleciendo sus prácticas de buen gobierno, control interno, gestión de riesgos, planeación tanto estratégica como financiera y rendición de cuentas. No se trata de adoptar modelos empresariales por simple modernización. Se trata de asegurar que las obras apostólicas puedan continuar cumpliendo su misión de manera sostenible y confiable.
Transparencia para proteger la misión
La transparencia no debe interpretarse como una señal de desconfianza, por el contrario, protege a las personas, fortalece a las instituciones y contribuye a preservar la misión.
Cuando existen políticas claras, procesos documentados, presupuestos aprobados, planeación a futuro, controles adecuados y mecanismos de rendición de cuentas, se reducen significativamente los riesgos de errores, conflictos internos, deterioro patrimonial y dificultades legales. Pero, sobre todo, se fortalece el activo más importante de cualquier obra apostólica: la confianza, y sin confianza, ninguna misión puede sostenerse en el largo plazo.
Una oportunidad para el futuro
«La transparencia económica y la buena gestión no son una moda civil; son una expresión de fidelidad al Evangelio, puesto que administramos bienes que pertenecen al Pueblo de Dios», afirma el Arzobispo Iceta.
Las instituciones que fortalezcan hoy sus prácticas de rendición de cuentas, planeación, gestión de riesgos y buen gobierno estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos del futuro, generar confianza entre sus colaboradores, benefactores y estructuras de gobierno, y asegurar que los recursos confiados a la Iglesia continúen sosteniendo la misión y el servicio a quienes más lo necesitan
Preguntas para la reflexión
- ¿Nuestra comunidad cuenta con mecanismos claros de rendición de cuentas?
- ¿Disponemos de políticas de administración patrimonial y gestión de riesgos?
- ¿Estamos preparando nuestras obras y actuar para responder a las exigencias de transparencia que demanda la Iglesia y la sociedad actual?
